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2011-09-19

(POESÍA) AUTOR: ISAAC DÍAZ CÓNDOR (Tarma-1959)Metamorfosis de las Sombras, desde la cueva del zorro Lima Perú









PRÓLOGO




Metamorfosis de las sombras inaugura la obra del joven poeta tarmeño Isaac Díaz Cóndor. Como podemos apreciar, este poemario es el testimonio tangible de una promesa, pero, a su vez, es el cumplimiento inicial de esta promesa. Su lectura nos brinda agradables sorpresas. Resulta positivo, por ejemplo, el tratamiento medido y cercanamente escultórico de la palabra y el sonido, que no son otra cosa que la señal inequívoca de un sereno buscador de formas plásticas. De igual modo, nos parece importante destacar la apretada coherencia del universo íntimo que lo preocupa y lo lleva a luchar denodadamente contra la oscuridad cerrada de la frase hueca y a prediseñar pacientemente una poética personal. En este sentido, Díaz Cóndor se perfila como un espíritu atribulado por la oscuridad que, en una lenta germinación, va concluyendo su:

“Metamorfosis
de las sombras
y de las ásperas saetas"

Sin intenciones de hacer mayores sondeos en la profundidad de sus contenidos, podemos asegurar que el eje sobre el que giran sus temas es la búsqueda de la luz, la conquista de respuestas en una etapa de desconcierto y angustias:

“El mediodía
es incoloro
y silencioso”

Por esto, en su poesía no sólo vislumbramos la confirmación desengañada de una época, sino también la posesión de las resistentes cuerdas de la esperanza. No cabe duda que Díaz Cóndor no pretende otra cosa que hallar en la palabra un:

“Informal tragaluz
de la esperanza”

y hacer del trabajo poético una tarea vital e histórica:

“descomunal
puntazo
sobre
la tierra
dura”

Un poemario provisto de estas intenciones y logros bien merece un fraternal aplauso de bienvenida y un encendido grito de aliento. Creemos, además, que la poesía de Isaac Díaz Cóndor se seguirá desarrollando, puesto que ya nos da sobradas muestras de ello. Desde hoy estaremos atentos a sus próximas publicaciones.

Lima, diciembre de 1986.

Carlos Orihuela Espinoza


PROEMIO




Por imperiosa necesidad, escribo estas líneas para justificar la publicación actual, habida cuenta que lo suscrito por la autorizada pluma Carlos Orihuela Espinoza, data hace veinticuatro años y en consecuencia es menester plantear algunos aspectos sobre el particular. Efectivamente Metamorfosis de las Sombras, es un poemario que juega su propio destino. Viene de un autor que posibilita una cercanía a lo más fecundo de la vida que en cada verso experimenta una visión apropiada sobre la existencia de uno de los demás. Esa relación de hombre-naturaleza persiste desde el inicio del poemario, sólo que se manifiesta en cada anuncio para explicar metafóricamente la fuerza de los fenómenos naturaleza que oscilan en su percepción. Su lenguaje aparentemente sencillo trae consigo una especie de búsqueda interminable por el buen final.
En esta edición ampliada corregida. Isaac Díaz cóndor logra cimentar lo integro que se da en una composición debido a la apelación de las imágenes y recursos que ofrecen las figuras literarias. Por supuesto que el poema no se explica, se interpreta según el criterio de cada quien se somete según a la ávida lectura y su propia sensibilidad. Metamorfosis de las Sombras, sugerente título de este poemario con el que juega sus escondidas intenciones en la relación de la penumbra del pensamiento y su transformación relativamente interna en nuestra conciencia. Y a pesar de lo oscuro que puede significar un hecho o la vida misma, sugiere a través de este arte, la esperanza. Es una voz poética al que debemos atender como se merece, pues ahí está la invitación y poder deleitarnos con la estructura y estilo propios del autor para beneplácito de seguir creciendo con este sabor kafkiano que sutilmente impregna en buena parte de su creación en relación con la existencia natural. Por la exigencia del tiempo, está ahora entre tus manos los versos de este poemario que ennoblece la tragedia de la vida cotidiana.

JUAN BENAVENTE




1




Metamorfosis.
Metamorfosis de las sombras
y de las ásperas saetas
que están coaguladas
sobre diacríticos marcos enlutados.
Marcos infernales
de la logarítmica ventana.
Informal tragaluz
de la esperanza...

Llegaron las horas
del diacústico invierno.
Acompasando cromos y virtudes
vinieron las hojas del rosal,
aquellas hojas
del peciolo seco
y de la amarga sangre,
infrangible al sentimiento.

Láminas
otoñales,
simplemente láminas.
Plumas lobuladas
amarillentos pergaminos
esparcidos
sobre la tierra
y el alma.


2




Fecunda el silencio
en los prismáticos saciados
en la oscuridad.

Inseminación en el dedal
por la artificial bofetada
del guante de hierro.
Maldito golpe sobre los emplastos
de los días y de las sombras,
sobre los pegotes y los cuadernos;
caminos de espinas y arrayanes.

Substancias volátiles.
Vertiente del sudario
desparramado en los pedregales.

En el jardín de la fantasía,
enlutados por la sombra del otoño
los claveles bañados en aceite
nacen llenos de sal y en cáustico grito,
grito celular y pilórico.
Emergen del sudor y de las bloqueadas avenidas,
emergen con el rencor en los labios
consumiendo afiches callejeros,
y en la distancia se bifurcan l
os relojes y las calles,
y el tiempo fue cubierto
por los esternones del silencio.

Haz del calcio pulverizado,
muchas veces la sombra fenece
en ritos comerciales de la gelatinosa tierra,
tierra muerta, desnaturalizada esencia
de los relojes que acaban por el viento de los años.







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