oraculo

2010-02-22

La generación del 2000 es una generación dispersa e incompleta de ánimos por el sistema y la unidad. Es una generación desorientada, el aullido



Ideas de la generación del
2000


Roger García Clavo

La generación del 2000 es una generación dispersa e incompleta de ánimos por el sistema y la unidad. Es una generación desorientada, por el abandono y propensa al olvido, sobre todo los jóvenes que viven en los pueblos más alejados de nuestro país y del mismo modo, jóvenes de los pueblos jóvenes de las capitales. Es una generación orientada al fracaso, porque así está diseñando este sistema neoliberal; porque es una generación que toca las puertas para buscar trabajo y sustento de su persona y de su familia, y retorna desairada con sus pasos, nuevamente a sus puertas.

Los escritores y escribientes de esta época están hilvanados por la posición fría de un estado que se arrincona a la mezquindad y a la supremacía personal de bienes de mercado.

El escritor de esta época debe incluir en su pensamiento al campesino y al albañil, a la campesina y a la obrera, al rocío y a la sequía. Debe incluir a la superestructura, y trascender su momento y su clase. Pero lamentablemente la falta de oportunidad lo trastoca su individualidad y le convierte en una persona ajena a la mayoría o escribe sobre su mundo desde su perspectiva.

Esta época está sustentada por los medios masivos de comunicación, meros repetidores del momento: recargados de muerte y desaliento, suscritos al color y a la nada. Pareciera que esta época tuviera una dueña: La libertad indiferente. La nada. Lo deja que se “joda” sino tiene o tuvo estudios o no tiene trabajo.

Según algunos escribientes de esta época, incluso de otras épocas, no existe poesía social, se culminó con Vallejo y Romualdo, con Escorza y Juan Gonzalo Rosse; podemos incluir muchos poetas más, para contradecir posición aquella.

Todo indica entonces, que los escritores que siguen escribiendo en esta década como Juan Cristóbal, Julio Nelson, Jorge Luis Roncal, Julio Carmona, etc., no escriben poesía que denuncia la desvergüenza de estos tiempo y la inclusión alienante de los diversos medio que enajenan a niños y jóvenes. Al contrario, son escritores que siguen escribiendo con el mismo ímpetu, con la misma desesperanza y aliento de las décadas anteriores, incluyendo algunos jóvenes escritores que seguramente están caminando entre obreros, niños y jóvenes de barrios y colegios.
Qué puedo esperar de algunos colegas que escriben sobre esta época, si están soñando en que el escritor es un ser especial, que busca embellecer el lenguaje y transcribir bonitamente sus imágenes, cuando en el interior de ese corazón está el personalismo por el pan y la palabra. Está la música de la paciencia y el desenfreno de figurar y aparecer en las ferias amigueras.

Esta generación del 2000, si es que existe, debería marcarse por el proceso político que vivió nuestro país algunas décadas anteriores, y aceptar la decadencia de un estado que está circulada en la corrupción y la apelación infame contra los más pobres.

Debe estar marcada por la esperanza de las calles y el sueño por la justicia. Debemos lapidar, que “la justicia tarda pero llega”, pero para quiénes y en qué momento. Debe estar marcada por la denuncia de nuestras tierras. Debe estar, nuestra escritura, marcada en defensa de nuestras comunidades indígenas y no indígenas en defensa de nuestra familia y de nuestros bosques que aún nos tienen con vida.

Nuestro país está herido, desde décadas pasadas, por el espionaje y la apropiación, por la mentira y la burla. Sobre todo por la injusticia y la indiferencia de los escritores que se hicieron apitucados, sin pertenecer a esa clase.

Nuestro Perú, amigos de generación, está sangrando por sus propios patriotas que mantienen las mismas iniciativas de los años 1532 y 1879, connacionales que enjuagaron a nuestro país en su corazón y en sus raíces, con el circo y la palabra insegura. Manuel Gonzáles Prada aprendió a vivir con todas las enfermedades morales de su tiempo e intentó curar a través de su frustración (producto de la traición) a las nuevas generaciones.

Todo indica que esta generación, de la cual reniego mancornadamente, le toca renacer y engrasar el espíritu para que posteriormente no nos llamen la generación X , generación perdida o generación del desencuentro.

Esta generación no necesita el silencio para ponerse a pensar, sino necesita la bulla de todas las conciencias que reclaman justicia y nuevas oportunidades para que en la mesa no falte el pan, en las mañanas por lo menos.

Necesitamos salir de este pantano de palabras, donde la hierba crece amargamente, renegando de su semilla y de su ahogo, inclusive de la vida. Necesitamos salir del esperpento de la palabra que humedece la marida y nos ciega el horizonte. Necesitamos una palabra sincera para hacer poesía.

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