oráculo

21.9.08

HILDEBRANTH



NUEVA METAMORFOSIS KAFKIANA

En esta pesadilla del Perú, no fue Gregorio Samsa quien despertó un día convertida en un execrable insecto. Fue Vladimiro montesino, personaje de la oquedad y la noche, que el día 16 de septiembre fue descubierto encarnado en un monstruo arácnido, con facciones humanas. Tenía patas y abdomen peludos, pero por la testa era un calvo cualquiera, que disimulaba la calvicie jalando algunos pelos del parietal izquierdo. Sus ojos eran minúsculos y punzantes, a la luz de unos anteojos transparentes.

En el momento de la devolución, como proyecto el “video de la corrupción”, el abominable monstruo se hallaba balanceándose en su telaraña: sus patas posteriores asidas en los hilos de la trama circular, y las anteriores cogiendo por el cuello a una alimaña caída en sus redes, que, contrariamente el estertor que muestran los gusanos que se hallan en trance de ser engullidos, esta mostrábase feliz y en coloquio con sus victimarios.

Hacia un flanco de la telaraña estaba el huevo del arácnido. Era enorme, casi el tamaño de abdomen, envuelto en una gasa blanca y fina. Solo el hilo final de esta madera era rojo (en contraste con el color blanco del capullo) y oscilaba, al parecer, a la espera de anudarse con el hilo humeante que regurgitaba la tarántula.

Sorprendido el arácnido, como en una rasa de arbusto, reunió con la rapidez las patas erizadas, y se emponzoño, presto al ataque. El movimiento fue tan violento que el huevo se desprendió y empezó a descolgarse del hilo, que por gravedad, iba cediendo más y más. Era un hilo delgado que se engrosaba de sangre, cual la cera en un pabilo, como en una película terrorífica. ¡La madeja se desenredaba! Y la sangre ya caía a borbotones y se encharcaba en el suelo. A la luz que se proyectaba de los ventanales de la oficina, era sangre exactamente igual a la que borbotó en los crímenes de la cantuta, barrios altos, Accomarca, Cayara, la sangre emblemática de los torturados y desaparecidos, que se había encapsulado en el huevo…..

Se erizó de tal suerte el monstruo que, al salto que dio, le crecieron las alas transparentes de los vampiros y voló, voló como los gritos mitológicos.

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