oraculo

2012-08-04

KOCHITO El laceador de Canín Alejandro Medina Bustinza (Apurunku) desde la cueva del zorro Lima Perú


KOCHITO
El  laceador de Canín

Alejandro Medina Bustinza
(Apurunku)


KOCHITO, el laceador de Canín
@  1ra. Edición –Callao, Lima – Perú 2011
Grupo editorial: ARTEIDEA
     Tiraje 1000 ejemplares
@  Alejandro Medina Bustinza
Ilustración de Carátula: Ever Arrascue Arévalo (Artista plástico) Telf.: (51-1) 2546428 / Cel.: 99580-5155
Ilustraciones interiores: Ever Arrascue Arévalo
Email: apurunco@hotmail.com     Celular: 998779560

Hecho el depósito legal en la biblioteca Nacional del Perú No 2011-12282
Prohibida la reproducción total  o  parcial de  esta obra sin previa autorización escrita del autor.


 
                                                        Dedicatoria:     A Canín Takray 



Piedra…sobre piedra, piedra.
Piedra… bajo piedra, piedra.
Haz que vuelvan
tus repiques colectivos de limbos
a  retumbar otra vez con tus aynis
a sembrar otra vez  con tus yaravíes
inconmensurables partículas de pasionarias
en cada ribera de nuestros trazos durazneros.

Haz nuevamente esparcir las minkas
por todas las llanuras de nuestras manos juntas
con las eternas cosechadoras quinuales.

Haz que vuelvan las calderas multitudes
a  mojar las penumbras con tus yuntas  fervientes.
  Piedra…sobre piedra, piedra.
Piedra… bajo piedra, piedra.




Prólogo

Conocer meramente el contexto físico geográfico y natural de las comunidades campesinas, postergadas en su mayoría al abandono, que conforman la estructura poblacional socio económica y cultural de nuestra nación, es sólo un conocimiento trivial, pasajero, distante y superficial. Aún cuando pareciera haberse actuado con ciertas voluntades políticas a favor de las comunidades, o con visos de impulsos turísticos y aproximaciones para cumplimientos de normas jurídicas y gubernamentales, aun así, en la práctica sólo constituyen visitas protocolares, por no decir campañas electoreras.
Este pasar de vista, como una sombra mecánica, a mi juicio, no es suficiente. No es lo mismo conocer de cerca en su profundidad el contexto socio cultural de cada comunidad. Es decir, saber de buena tinta su espiritualidad e idiosincrasia integrada y contenida en la convivencia colectiva, con prácticas agrarias y ganaderas de la vida diaria en las que se desenvuelven. Conocer sus concepciones de hombres y mujeres con derechos humanos, constructores de sus propias historias, tradiciones religiosas, su literatura caracterizada por la oralidad y el uso de sus lenguas originarias con las que se manifiestan maravillosamente a través de sus narraciones y expresiones musicales.
No olvidemos, nuestra sociedad andina tiene más de 10,000 años de historia frente a la  invasión europea que llegaron sólo hace 600 años atrás, y en ese periodo de enfrentamientos, los pueblos originarios han resistido y conservado algunos de sus patrones culturales. Las riquezas expresivas desarrolladas en sus lenguas, permitieron la variabilidad e intensidad comunicativa de sus habitantes, junto a sus ilusiones, prácticas rituales y creencias de sus expresiones andinas, característica determinante de la cultura peruana, suscitadas de la misma sociedad y naturaleza concreta.
 En el mundo andino, el hombre y la naturaleza jamás están separados. Constituyen un solo cuerpo, un solo pensamiento. Ambos configuran la vida: sienten, aman, odian, ríen, lloran, gozan y hablan un mismo lenguaje. Por eso, hoy podemos observar en sus narraciones orales y canciones populares, que siempre están presentes los elementos propios de su entorno natural con quienes conviven y se sirven mutuamente: la tierra, el agua, las montañas, lagunas, los granos y ganados, el mar. El sol, la luna, las plantas, los ríos y también sus difuntos. Su permanente lucha por conservar y prevalecer los valores solidarios, la honradez, la justicia, el respeto a la naturaleza y la organización del trabajo colectivo y fraterno (herencia cultural del pasado histórico, obtenida a través de las generaciones) ha dado lugar a estudios y declaraciones de patrimonialidad cultural de la humanidad: Caral, Fortaleza de Kuélap, Machupicchu etc. hablan por sí solos.
En aquellas prácticas colectivas de las comunidades campesinas están expuestos sus valores, profundos y humanizantes principios elementales, altamente civilizadores de hombres y mujeres sencillos y claros, frente al modelo cosmopolita del mercado liberal, del individualismo y globalización grotesca, mal llamada modernidad.
Por la ignorancia y miopía de los grupos dominantes que gobernaron al Perú, gran parte de las riquezas culturales de nuestros pueblos andinos fueron fracturadas y desdeñadas hacia el individualismo bellaco y codicioso de la cultura occidental. A pesar de los acechos de aculturación, el hombre de los pueblos originarios (andinos, amazónicos y costeños), permaneció y permanece vigente en un medio geográfico y socialmente discriminado y agredido en todo momento. Gracias a sus capacidades comunicativas y colectivas en el seno de sus relaciones sociales, continúan preservando sus expresiones culturales, sobre todo, creando nuevas posibilidades de cambios frente a sus necesidades; sus expresiones espirituales y sociales frente a los acontecimientos de la historia.  
Porque en lugar de extinguirse, se fortalecieron y se robustecen creativamente a través de sus mitos, leyendas, cuentos, poesía, música, narraciones históricas, fábulas, etc. como los que ofrecemos en el presente texto. Esta pequeña historia “Kochito, el laceador de Canín” relato recogido de la Comunidad Campesina de Canín, ubicado a (3,550 m. s.n.d.m. a 7 horas de Lima) distrito de Checras, provincia de Huaura  Lima – Perú, significa la evidencia real, no sólo de  olvido y enajenación, en las que se hallan cientos de comunidades campesinas, sino también nos permita conocer la existencia de la imaginación y creatividad de sus habitantes, mantenidas tan sólo en la oralidad y en el anonimato, (a riesgo de desaparecer), centenares de maravillosos testimonios culturales de enorme valor literario, histórico y pedagógico. Hacemos llegar estas líneas, con el mayor cariño y reconocimiento a la comunidad de Canín, para acaso conglomerar y fortalecer con los tuyos, hacia las alturas superiores de nuestra identidad nacional. 
Por último, depende de nosotros poner en relieve y afirmación los valores culturales de nuestros pueblos originarios, porque somos parte de ellos, de una u otra forma, y porque nuestras raíces así lo exigen. En el proceso de nuestro mestizaje en general, sigue palpitante nuestra identidad desde aquellas raíces. Aquí está todo lo que necesitamos si queremos mejorar la calidad de vida, alcanzar la justicia, dominar las técnicas y el conocimiento para conocer mejor el mundo y cambiarlo. Claro está, sin obviar las experiencias de afuera, que siempre serán necesarias. Ya lo dijo alguna vez el gran amauta José María Arguedas, en su discurso “No soy un aculturado”: “(…) 

El otro principio fue el de considerar siempre al Perú como una fuente infinita para la creación (…)  no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana ; todos los grados de  calor y color , de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores (….) imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso   (…)   en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo…”  Por ahora, eso es todo.
                                                                  El autor
                                                                     Callao, agosto del 2011


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