oráculo

11.1.12

Virunhuaira, Rubén Urbizagástegui, desde la cueva del zorro Lima Perú



La distancia, el acercamiento, la partida, el retorno son algunas de las dualidades con que la poetica espacial andina se manifiesta en estos tiempos trasnacionales. Desde Riverside, California, el wayki Rubén Urbizagástegui Alvarado nos entrega Virunhuaira, una coleccion de poesia en prosa de rapida y fascinante lectura. Si vas a Virunhaira -que se pone al final- abre un espacio personal, colectivo y de dialogo con el paisaje en el que el lector puede ver y sentir la geografia poetica del origen con un lenguaje fresco y preciso que tambien relata historias personales, familiares y las del pueblo, sin olvidar, por lo menos en dos poemas, los estragos de la guerra interna. Virunhuaira ha sido editado en 2011 por Arteidea. Aqui una uchuy seleccion:


BAÑADOS EN SUDOR

nuestros caballos ramonean entre los pajonales. Nerviosos paran
las orejas y se espantan. A lo lejos la luz del sol alumbra a las
vicuñas y una que otra gallareta de roja cresta gritando cruza la
llanura. Hemos subido hasta aquí, hasta la punta del nevado, hasta
la laguna de Churaj por unas truchas. Antes de comenzar
fumamos y chacchamos y ofrendamos nuestro mejor aguardiente
a los aukilitos. Nuestras mejores hojas de coca son para ellos.
Ahh Padre cerro, padre sol, padre viento. Ahh madre agua,
hermanita laguna del Churaj. Danos pues tu consentimiento. Solo
unas truchas te pedimos. Solo eso. Ahh ahh que así sea.

EL RIO BAJA COMO UNA SERPIENTE
enredándose entre los eucaliptos, kebrollos, tumbando alisos,
chilcos, sauces llorones. Mostrando su panza de agua baja. Larga
y gorda culebra de lodo y piedras. Engulle toros, burros,
chanchos, totoras de largas manos. Un fuerte olor a tierra
quemada se expande en el horizonte. El látigo de piedras
retumban como truenos y relámpagos escondidos en su vientre.
Atónitos miramos cómo pasa moviendo su barriga de aguas
negras, densas. Riéndose de nuestra tristeza pasa. Solo huesudos
palos nos dejó ese barranco. Una llaga de piedras blancas bajo
su vientre abierto. Partió en dos el poblado. Ahora son dos
pueblos distintos, no papito? pregunto al abuelo Juancho que
me escucha como rememorando las lluvias y el agua. Un
rasmungo le sale de la garganta. Será que quiere decir que sí?


SALGO AL PATIO Y ME SIENTO
debajo del melocotonero. La cocina aún humea después del
desayuno. Las gallinas displicentes picotean las lechugas. Los
nevados reverberan de luz en las alturas. Un camino solitario
sube la montaña y, siguiendo el río, otro desciende hasta alcanzar
los valles más profundos. Un gallo canta como anunciando que
ya es tiempo de faena.

EL AGUA CORRIENDO POR LA ACEQUIA
susurra en mis oídos. La luna detrás de los eucaliptos. Un
potro ramonea en los alfalfares. Es mediodía en Virunhuaira.

SI VAS A VIRUNHUAIRA,
viajero, sal a la carretera norte. Llega a Fiori y busca la agencia
«Andía». Compra tu pasaje allí y espera la salida. Pesa tu
equipaje, tu costal de arroz, sal, azúcar, fideos, pan y baratijas
para la familia y los amigos. Eso es lo normal y no te asustes
viajero. Allí comienza tu salida. Picaroneros, emolienteros,
sandwicheros, y uno que otro vendedor de baratijas pulularán
por los alrededores. Ya de salida pasarás Los Robles y a los
costados Comas, Chacracerro, Los Cipreses, Puentepiedra. La
gente como escarabajos cuesta arriba rodando lo que
encuentran para sobrevivir. Obsérvalos en las márgenes y
elevados cerros de la sucia y podrida Lima. Pasando Ancón
hay un puesto de la Guardia Civil. Cuídate viajero pues allí te
robarán. El Guardia Civil te pedirá tu libreta electoral, militar,
tributaria, partida de nacimiento, certificado domiciliario,
pasaporte, atestado ideológico o lo que sea. Y si por acaso
posees todos esos documentos, te dirán que están circulando
billetes falsos y te pedirán todo el dinero que llevas. Abre bien
los ojos viajero, pues el policía cambiará tus billetes legales por
los falsos que decomisaron a otros incautos como tú. Así tú
pasarás los falsos, los harás circular y los policías se quedarán
con los billetes legales y engordarán. Si reclamas te dirán que
eso es tu cupo de guerra por pasar vía Ancón, te acusarán de
senderista o inventarán cualquier otra disculpa para encarcelarte.
Ojo viajero, no olvides que no hay policía civil, republicano,
de investigaciones o del ejército honesto. No hay uno siquiera.
Tienes que ser corrupto para juntarte a una institución corrupta,
¿comprendes? Abre bien los ojos, pues pasando Pasamayo
verás cómo el mar se abre en lontananza y el valle parece dormir
sobre la pampa de Huarmey, Chancay, Huacho y llegarás a
Barranca. Descansa allí pues ahora comienza realmente el viaje.
Tómate un café con leche, compra un chancay, alfajores y espera
el camión que debe subirte a Virunhuaira. Aparecerá de repente
y en menos de una hora estará lleno de campesinos y comuneros
conocidos del Valle del Pativilca. Súbete a ese camión y espera.
No olvides de comprar algunos panes dulces y alfajores
huachanos y una que otra Concordia. Cuando el camión salga
estará lleno de gente hasta el techo. Algunos irán colgados de
los lados. Así pasaremos el puente de Pativilca y ya se verá el
río, ese río negro de aguas oscuras y bulliciosas es el Pativilca.
Siguiendo su corriente río arriba llegaremos a Virunhuaira. Pero
espera viajero, aún nos toca pasar Huayto, una hacienda de
grandes cañaverales. Cuídate de las quemadas pues cuando
menos esperas ya estarás negro por el humo. Pero ahora ya
sentirás la protección y cariño de los comuneros que están sobre
el camión. Oirás las historias más absurdas sobre las quemadas
pero recuerda que la realidad es más fantástica que la literatura.
Presta atención viajero pues las historias que escuches se
repetirán en cualquier camino de cualquier país
latinoamericano. Solo cambia la geografía. La historia es la
misma. Río arriba del Pativilca pasarás por innumerables
haciendas cañeras llenas de comuneros de las más diferentes
comunidades de la región. Encontrarás comuneros de Acos,
Mangas, Llipa, Quillapata, Apas, Cochas, Gorgor, Rajanya,
Huancapón, Manás. Tristes golondrinos soñando volver al nido.
Los distinguirás por el color de los vestidos de sus mujeres y la horna de sus sombreros. Comuneros al fin te preguntarán si
conoces a don Julián de Ancos, a don Pedro de Quinllán. Y
uno que otro te alcanzará una carta, una nota apresuradamente
escrita. Tristes se quedarán si contestas que no. Si contestas que
sí con los ojos brillantes te dirán que Carmen Rosa, Rosandro
o Nolasco les envía un saludo. Así que miénteles viajero, diles
que sí, que verás a don Julián de Ancos y a don Pedro de Quinllán
y que les darás sus saludos. Dales esa esperanza viajero que de
esperanzas nadie se muere. Y sigue subiendo río arriba llegarás
a Cahua. Aquí el camión hará una parada para el almuerzo.
Compra mangos y manzanas. No hay mangos más dulces ni
manzanas más tiernas que las de Cahua. Compra también algunas
paltas, a los comuneros les gustan las frutas que no producen.
De nuevo cuídate de la policía. Recuerda, no hay policías
honestos. Y sube. Pasando Carhuán los melocotoneros
comenzarán a brillar. Hártate de melocotones viajero. No hay
melocotones ni duraznos más dulces que los de Carhuán ni los
de Pimache, al que se llega pasando el puente colgante sobre el
rio negro. Y ya casi estarás en Pamplona. Tuerce a la derecha y
sigue el río de aguas blancas. Ahora ya se ve una trocha que
sube retorciéndose como una culebra siempre río arriba hasta
Caya. Aquí ya estarás cansado pero con el corazón alegre,
contento. Ya se siente el aire más puro, más limpio, más azul y
más claro que el agua. Y el agua canta en tus oídos como
diciéndote ya estás aquí hijo mío regocíjate, regocíjate. Carga
aquí tus bultos y amárralos bien a tus burros que aquí nos toca
la subida. Siguiendo una pequeña trocha pasarás arriba de
Chiuín, Añastarronday y ya entrando a Pihuancoto tu corazón
comenzará a llorar. Al otro lado, al frente ya divisarás Huampán,
Nunamayoc, Virunhuaira. Las casas con sus techos de calamina
y paja brillando bajo la luna alegrarán los corazones. Te aseguro
viajero no habrás subido solo. Algún comunero habrá subido
contigo también. Ya estarás en Virunhuaira compartiendo un
pedazo de pan y alguien te alcanzará un porongo de chicha. En
medio de la comunidad en el corazón del pueblo nuevamente.
Aquí te esperamos viajero.

Hawansuyo.

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