oraculo

2011-05-26

GALERIA DE POETAS INVITADOS: Alex CASTILLO LYNCH. Lima. Perú. Arte poética de Orlando Ordoñez Santos, en la cueva del zorro



GALERIA DE POETAS INVITADOS:


Alex CASTILLO LYNCH. Lima. Perú.



TESTIMONIO



Orlando aquí recordándote muy en especial los momentos gratos que viví en el Perú y al lado de todos ustedes, de regreso a mi trabajo y rutina, pero con el afán de seguir con mi poesía y propuesta de crear algo personal, he leído con avidez los poemas del folleto que me regalaste y me di con la sorpresa de tu poema Retorno, y recuerdo que te obsequié mi poema la Vuelta, veo que en el fondo dicen casi lo mismo como dos primos, ah gracias por la imagen también de tu capillita y por tus palabras te cuento que para mí fue todo tan sorpresivo que aún parece que estuviera tapiado pero creo que las cosas por algo pasan, aquí en Atlanta (USA) yo vivo en un pueblo que se llama Athens es donde está la Universidad de Georgia y hay un profesor de Literatura que es de Chile, Luis Correa Silva y es gran amigo, justo escuché de él los primeros elogios, aquí hay una tremenda biblioteca que es la que me a permitido acceder a todas las corrientes y formarme creativamente he leído tanto Orlando durante tantos años y todo lo mío es producto diversificado del tiempo de leer de creer y finalmente de crear, bueno espero en la próxima enviarte más de lo mío y espero con ansias acceder a lo tuyo que desde ya tiene mucho de nuestra autóctona tierra y raíces, bueno Orlando espero me contestes pronto tu gran amigo y poeta peruano: Alex .






LA VUELTA



Regreso a la vida


como un ciego


con visión.


como un cadáver vivo


frío y con calor.



Marchitado y renovado


he vuelto a plegarme


al silencio


del destino engastado


a este aire anegado


del vacío.



Vuelvo a vivir


de esta lluvia


que late y cae como


rocío con furia.









VIENTO Y GUITARRA



Al pulsar la guitarra


jamás reparé


que estos dedos también servían


para rasgar


cuerdas,


y de tanto rasgar


hoy la madera


con que está labrado


aquel corazón ausente


durante las noches


va quemándose


dolorosamente


al son


de la guitarra sola,


sangrando, sangrando


hasta quedar cenizas,


más el viento


se ocupará del resto.


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