oraculo

2010-12-18

Fernando Chuquipiunta Machaca, poéta joven Chirihuano Huancané en la cueva del zorro Lima Perú

Soliloquio

Fernando Chuquipiunta Machaca

Entre la realidad y el sueño

se ha detenido el tiempo.

Desde el río cristalino

cien gaviotas alzan vuelo

y son parte del universo.

Del supullullo 1 brota

la mañana con nuevo aroma

y una andina fragancia

se va danzando por el horizonte.

Un relámpago deja una huella

profunda en mi corazón

y abre en las sementeras

un surco de lágrimas.

Las constelaciones traen

a niñas sirenas con una

extraña alegría en el rostro

por el mágico sonido de sicuris 2.

1. Supullullu.- Manantial de agua que conserva la juventud.

2. Sicuris.- Conjunto de zampoñas que interpretan música andina

VIENTO DE HUANCANÉ

Fernando Chuquipiunta Machaca

Escribo tu nombre en el cielo

y en las orillas del Titicaca.

Una lluvia de luceros se precipita

sobre los cerros distantes,

la soledad y la ternura.

¿Cómo ignorar tu historia

de constantes abusos contra

los seres humanos más humildes?

¿Acaso el poeta es un ser extraño

que no le duele su pueblo?

Yo también digo: “¡Wala Wala!” 1

con la esperanza de que se edifique

un mundo donde sea posible,

que todos los niños lleguen

a beber el desayuno que les falta.

Tu nombre tatuado en mi piel

que lo repito hoy que la lluvia

cae sobre mi casa y oigo

la cálida voz de mi padre

que trae el viento del atardecer.

1. Grito de rebeldía que se origina en Wancho Lima (1923).

MI PADRE

Fernando Chuquipiunta Machaca

Ahora que veo pasar

los días tan apesadumbrados,
recuerdo tu mirada tierna

llena de preguntas.

Y pienso en tus palabras

que se parecen

al lejano sonido del mar.


Cuando te fuiste

caminando al atardecer
todas las palomas huyeron

para no volver jamás.

Una alondra huérfana

quedó prisionera
entre el alba yacía

y el espacio adolorido.

El tiempo sideral

no ha vuelto a ser el mismo
y nadie ocupa el lugar

donde se sentabas a la mesa.
Un pan llora todas las mañanas

tu ausencia que no tiene fin.

A veces quiero borrar

los meses que permaneces
oculto detrás de viento

que todas mañanas
acaricia el rostro de mi madre

y sé, padre mío, que eres tú.

EL POETA Y EL BARCO

Fernando Chuquipiunta Machaca

Se estremeció el poeta
y no pudo escribir una canción.

Vio que la luna caía

al fondo letal de la soledad.

Se vislumbró.
Creyó que podía detener

el arco iris iridiscente

que tenía en las manos.

Se desencantó al ver

que las estrellas

caían en medio de la noche
y no podía recoger ninguna.

Y se enterneció el poeta
al ver un barco en el horizonte

y un niño agitando un pañuelo

lo llamaba por su nombre



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