oráculo

6.9.10

Jonathan Endara Gutierrez con el cuento ´´ALMA´¨ joven escritor Juliaca Puno en la cueva del zorro Lima Perú




Jonathan Endara Gutierrez

Alma


Aquella noche andaba un caballero montado en su caballo elegante, cabalgando hacia lo oscuro, su capa reflejaba la luz de la luna y en su espada iluminaba la fosforescencia de la amargura, no se adonde se dirigía, su mirar misteriosa pareciese no decir nada, sus pasos ligeros que daba el caballo eran inauditos ante lo natural, hasta que fue a dar a una plazoleta vacía donde solo había un banquillo viejo y desgastado por el tiempo donde reposo, no sé en qué pensaba, no podía ver bien el rostro de aquel caballero errante, hasta que de un grito dijo: " Recuerdos sin amor" de repente del cielo bajaron seres que no tenía nada que ver con su exclamación; uno de ellos hablaba con él, pero aquel jinete parece que se aburriera de sus palabras, así que monto al animal y se fue lejos muy lejos en plena soledad, nadie savia lo que deseaba, la luna se ocultaba y yo me di cuenta de que aquel hombre andaba buscando algo con desesperación ¿qué sería lo que el quería?.



Nadie lo sabe, siguiendo su camino miraba con curiosidad los senderos de la vida hasta que otra vez se detuvo en un colegio, cerró sus ojos e igualmente bajaron personas sobrenaturales del cielo, poco a poco fui comprendiendo que eran sus recuerdos que se proyectaban en el lugar del hecho; pero ¿qué misterio ocultaba aquel hombre? ¿Que buscaba entre sus recuerdos?


La noche se alargaba mientras el botaba lagrimas de fuego, cuando vi su rostro, estaba llena de cicatrices de guerra contra los problemas, su mirar quizás se alegraba de vivir como humano, los sufrimientos que atravesaron sus rostro, la espada que atravesó el cuerpo de sus oponentes.


Paso horas o tal vez minutos cuando llego a un pueblo cuyo nombre es Antauta, pasaba y traspasaba sus calles frías, los perros aullaban en su presencia, no podía creer lo que él hacia; traspasaba las casas, los cementerios, hospitales y hasta los cerros de aquel lugar, no encontraba lo que él buscaba, fue una noche llena de tormentos tanto en el clima como en su corazón, todo aquel humano que tendría la mala suerte de verlo, de un susto se volvería loco.



En un parpadear ya estaba en el cerro de Juliaca "El Apu Huaynarroque" miraba aquella ciudad iluminada, como buscar con la vista algún objeto perdido, sus recuerdos no le ayudaban. De pronto fue a paso veloz a un lugar llamado cementerio, donde descansaba en paz ¿acaso algún conocido que podría ayudarle?
Al llegar con furia saco un cofre que estaba en manos de una bella mujer, al abrirlo saco un corazón sangrante que latía potentemente y a la vez se caía en pedazos, con sus manos desgarrados ponía el corazón al pecho humillado, entonces comprendí todo de aquel alma, que a pasos lentos y suaves se retiraba con el peso de su corazón, su capa, su espada ya no producían luz; se veía espesa oscuridad, con sus llantos a nunca acabar.



A lo desconocido se había ido, nunca más lo he vuelto a ver, su cuerpo yacía en paz en algún campo santo, es que se fue de la vida sin poder desprenderse del amor que sentía por aquella mujer; que también salió de su vida de ella. Morir dos veces no es su destino y por arriesgarse, pago alto precio tras su muerte.



Jonathan Endara Gutiérrez.

Cuento que el autor creo a los 13 años de edad.

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